FAUVEROS

martes, 20 de febrero de 2007

FUNNY, CRAZY & DRUNKEN cats...

Alegatos: Me declaro gatoadicta.



Me apasiona el maravilloso mundo de los felinos, el único animal que ha conseguido domesticar al hombre haciéndose imprescindible a pesar de, o precisamente por, su absoluta inutilidad...

Las Bacantes. 1945, André Louis Derain


Óleo sobre lienzo. 50 x 61 cm. Musée d´ Art Moderne de Troyes.
André Derain (Chatou, 10 de junio de 1880 - Garches, 8 de septiembre de 1954) fue un pintor e ilustrador francés. Sigue siendo un pintor controvertido: muy famoso en vida, fue luego criticado por su regreso a formas pictóricas consideradas "tradicionales".

Biografía

Formación y grandes pintores
Derain nació en Chatou en las cercanías de París. Su período de formación transcurrió entre 1898 y 1899 en la Academia Camillo, en la que trabajaba Eugène Carrière, por lo que a veces se conoce a esta Academia como "la academia Carrière". En esta academia, conoce a Henri Matisse, con el que se encuentra copiando cuadros en el Louvre. Con Matisse, Derain fue considerado como uno de los iniciadores del fauvismo. Por esa época, acude a las primeras exposiciones de Van Gogh y expone sus primeros lienzos en el Salón de otoño.

En 1900, conoce a Maurice de Vlaminck, con el que compartirá un estudio, y empieza a pintar sus primeros paisajes. Se reúne con Matisse en Collioure en 1905 y con este motivo define el estilo por el que será conocido por el gran público: colores vivos, dibujo simplificado, composición clara. Se le considera desde ese momento uno de los principales representantes del fauvismo.

A partir de 1906, parece verse en él la influencia de Gauguin, sus colores aparecen algo menos vivos. Pero el año siguiente es uno de los habituales del Bateau-Lavoir, conoce a Picasso, Braque, Apollinaire, Van Dongen y Max Jacob. Descubre y colecciona arte africano.

En 1907, experimentó con la escultura en piedra, y se trasladó a Montmartre para estar más cerca de su amigo Picasso y de otros artistas. Parece en algún momento tentado de seguir la senda marcada por Picasso. Pero no irá más allá del pre-cubismo y acabarán peleados, tras 10 años de amistad.

Derain ilustra el primer libro de poesía de Guillaume Apollinaire, El mago podrido ("L'Enchanteur pourrissant") (1909), y una colección de poemas de Max Jacob en 1912. En 1916, realiza las ilustraciones para el primer libro de André Breton, Monte de piedad ("Mont de Pieté").

A partir de 1911, vuelve a un estilo que parece más tradicional, regresando a la perspectiva y al claroscuro.

En 1914, durante la Primera Guerra Mundial se le destina a un regimiento de artillería.


La posguerra
Tras la guerra, el mundo del arte le recibió con los brazos abiertos. En 1919, diseña el telón, la decoración y el vestuario del ballet La Boutique fantasque para Diaghilev, de los ballets rusos. Fue un gran éxito que le llevó a colaborar en otros muchos ballets.

Cuando obtuvo el premio Carnegie en 1928 su reputación creció. Empezó a exponer en todo el mundo: Londres, Berlín, Francfort, Düsseldorf, Nueva York y Cincinnati.

Durante la ocupación alemaa de Francia en el curso de la Segunda Guerra Mundial, Derain vivió en París y fue tratado por los alemanes como un prestigioso símbolo de la cultura francesa. Aceptó una invitación para visitar oficialmente Alemania en 1941. La propaganda nazi utilizó este viaje, por lo que Derain fue acusado de colaboracionista y condenado al ostracismo durante muchoi tiempo tras la Guerra.

Renunció después de la Segunda Guerra Mundial a presentar públicamente sus obras. En 1944 rechaza el nombramiento de director de la Escuela Nacional de Bellas Artes de París. Su vida acaba en una voluntaria soledad.

Muere en Garches (Hauts-de-Seine) el 8 de septiembre de 1954.

Hoy en día sus cuadros alcanzan precios millonarios.


Su obra
Se califica a veces su obra como desigual, pero es un fiel exponente de las preocupaciones de los artistas de su época: el arte se une a una época histórica, los artistas no pueden limitarse a reproducir la obra de sus antecesores, aunque deben considerar sus logros.

La obra de Derain es fundamentalmente pictórica, pero también diseñó decorados y vestuario de muchos ballets, ilustró algunas decenas de libros y fue conocido en tanto que escultor.

lunes, 12 de febrero de 2007

Las galas de Nadja, 1950. Eugenio Granell.




"El azar o lo que sucedió"
Eugenio Granell (La Coruña 1912-Madrid 2001) Las galas de Nadja, 1950, Óleo/lienzo, 24 x 32 cm. Obra homenaje a André Breton. Breton "se encontró" con Nadja por azar, el 4 de octubre de1926. Este encuentro le reveló el constante misterio de la vida. Breton escribió Nadja; ilustró la obra con 44 grabados fotográficos y la publicó en 1928. El nombre Nadja, según la propia protagonista, "en ruso es el principio de la palabra esperanza, y porque esto no es más que el principio". El propio Granell comentó una vez: "vale recordar que Nadja, la heroína mayor de André Breton, vive en la esfera mental del héroe de Cervantes". Granell, exiliado en la República Dominicana, conoce a Breton en 1941 quien pasa por la isla también en el exilio. El filósofo Fernando Castro Flórez comenta que ese encuentro fue para Granell "el comienzo del reconocimiento de un estado". Este estado es el de ser surrealista.. Granell ha dicho: "Primero se es surrealista; luego pintor, poeta o lo que sea".

BIOGRAFÍA:

Eugenio Granell nace en La Coruña en 1912. Estudió el bachillerato en Santiago de Compostela y se trasladó a Madrid a finales de la década de los veinte, para continuar su vocación musical.

Acude a tertulias en el Madrid republicano y conoce a las principales figuras literarias, inclusive a Valle-Inclán.

En el periodo derechista de la República es detenido, pasa varios meses en la Cárcel Modelo de Madrid. Se integra en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Durante la contienda, como militante republicano, es destinado a Valencia y Cataluña. Más tarde pasará al frente de Aragón.

La derrota republicana en la guerra civil le lleva al exilio. En Francia vive los campos de concentración, de algunos de los cuales consiguió fugarse. Conoce la invasión nazi. Consigue viajar a América en la diáspora republicana, con recuerdos de escritores como Orwell y Peret, que ha conocido.

Se unirá a las corrientes surrealistas, y llegará a exponer en Marx Ernst, Wifredo Lam y otros de ese movimiento, no las conocía antes de concluir la guerra sino por referencias del orensano Cándido Fernández Mazas. Se vincula a esos modos de expresión plástica cuando se encuentra en el Caribe, en Santo Domingo. Destaca tan pronto, que su primer gran cuadro lo adquiere el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Conoce a los grandes surrealistas franceses, incluido el «papa» André Breton.

La dictadura del general Rafael Leónidas Trujillo le invita a cambiar de isla, y marcha a Puerto Rico, donde establece contactos con intelectuales exiliados, como Juan Ramón Jiménez, Federico de Onis, Américo Castro]. Nuevo salto, a Estados Unidos; en concreto a Nueva York, donde es profesor algunos años, hasta jubilarse como emérito del Brooklin College, tras doctorarse.

Algunas de sus obras literarias se reeditan en España, como «Lo que sucedió...», que había obtenido el premio Don Quijote en 1967. Regresa con fama bien asentada de pintor, y sus exposiciones se suceden en España, con grandes elogios de la crítica. Exposiciones monumentales de su obra son las que se realizan en A Coruña y en el Centro Cultural de Caixavigo. Su obra está en museos de todo el mundo. Guarda escritos y testimonios de André Breton, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Miró, Pablo Neruda.

La pintura es cromatismo, en carmines, verdes, azules, negros, está dicho en siluetas perfectamente delimitadas, y sobre fondos contrastantes. Algo, y no poco, queda de las expresiones de Alberto Sánchez, con Julio González, innovador de formas que ha conocido este siglo.

jueves, 8 de febrero de 2007

Un ollo de vidro. Memorias d’un esquelete (1922)

Novela curta, inicialmente inserida como apólogo na conferencia "Humorismo. Debuxo humorístico. Caricatura" (1920). Trátase dunha narración do xénero do humor macabro, aínda que cunha carga crítica e cunha intención didáctica.

Un ollo de vidro. Memorias d'un esquelete

Leutor:

Certo día fitoume unha vaca. ¿Que coidará de min?, pensei eu; e naquel intre a vaca baixou a testa e sigueu comendo na herba. Agora xa sei que a vaca somentes dixo:

—Bo, total un home con anteollos.

E ó mellor eu non son máis que o que coidou a vaca. Velaí a ledicia de pensar que cando a miña calivera estea ó descuberto xa non poderá xuzgarme ningunha vaca.

A morte non me arrepía e o mal que desexo ó meu nemigo é que viva até sobrevivirse.

Eu son dos que estruchan a cara pra apalpa-la propia calivera e non fuxo dos cimeterios endexamais.

Tanto é así que teño un amigo enterrador nun cimeterio de cibdade. Iste meu amigo non é, de certo, amigo meu; é somentes un ouxeto de esperencia, un coelliño de Indias. Un enterrador sabe sempre moitas cousas e cóntaas con humorismo. Un enterrador de cibdade que dispe e descalza ós mortos pra surti-las tendas de roupa vella, ten de sere home que lle cómpre a un humorista. Un enterrador que saca boa soldada co ouro dos dentes das caliveras tiña de sere meu amigo.

Iste enterrador tense por home de ben e cóntame cousas tráxicas que fan rir e cóntame cousas de rir que arrepían, e coas sorpresas da súa conversa fuxen as horas sen decatarme.

Boeno; o conto foi que un día collín o camiño do cimeterio e atopei ó enterrador un pouquiño non sei cómo, e dispois de falarmos moito díxome que tiña de contarme en segredo unha cousa, sempre que eu fose home de ben e amigo leal. Eu fiquei un pouco encorado polo medo á sorpresa descoñecida e, dispois de collerme polo ombreiro e arrechegarme os seus beizos podres á miña orella, díxome paseniñamente:

—¡Atopei uns papeles nunha caixa…! Nunha caixa que non sei de quen sería. O esquelete tiña na calivera un ollo de vidro que me fitaba con senreira.

E o enterrador sacou de a rentes do coiro uns papeles enrugados. O enterrador non sabía ler e doumos a min pra que llos lese. Eran cachos de periódico, papeles de fumar... todos numerados, e no primeiro campaban istas verbas: "Memorias dun esquelete".

Aquela letra era traballosa de ler i estaba feita cun garabullo.

Cando rematei a leutura xa escomenzara o antre fusco e lusco e o enterrador, moi amocado, xurou que se non fose por Deus íñase ó esquelete i escacháballe a calivera cun sacho.

Despedinme dil e cando xa iña pola estrada, camiño da cibdade, oín que me chamaba dende a porta do cimeterio.

—¡Oia, veña acó!

E dispois quediño e moi solermiñamente deitoume na orella ista pregunta:

—Vostede, que é médico, ¿non sabería onde mercan ollos de vidro?

E por catro cartos fíxenme dono do ollo de vidro e das memorias.
As memorias do esquelete é o que ides a ler. Escoitade, pois, a un home do outro mundo, pregándovos por adiantado que non me fagades solidario das súas ideas.

Eu nascín, medrei e fíxenme home, e un bo día enfermóuseme un ollo. Fun aos médicos e lambéronme unha manchada de cartos e no remate de contas o ollo sandar sandou, pero quedoume grolo. Por aquel tempo tiña un galo tan amante que viña comer na miña man. Chamáballe Tenorio.

Un día estando eu agachado cos graos de millo na cunca das maus, veuse cara min, paseniñamente, tripando a terra con aquel de señorón fidalgo. Plántase diante de min, ergue o pescozo pra fitar de perto, cicais bulronamente, aquel meu malfadado ollo grolo e, cavilando que sería cousa de manxar, axeitoume un peteirazo tan ben dirixido que me deixou torto. Agora si, os médicos, dispois de lamberme outra manchada de cartos, puxéronme un ollo de vidro, tan ben imitado que bulía e todo.

¡A cantas mulleres engaiolei chiscándolles o ollo de vidro…!

Morrín antre cobertores como morren a cotío os bos homes, e ben afeitado e ben peiteado e co meu traxe dos días de festa —que por certo levoumo o enterrador ó día seguinte de enterrarme— fun pra debaixo dos terróns sen que ninguén se lembrase de quitarme o ollo de vidro.

Deitado na miña caixa de pino repousei moitísimos días, tantos que perdín a conta. Apodrecín axiña e aos poucos días de enterrado escomenzaron os vermes a faguerme cóchegas.

Cómpre decir que eiquí non está permitido presentarse en sociedade con farrapos de carne fedenta apegados nos ósos, pois os esqueletes, que non ven nin comen, ulen tan ben coma os vivos; así foi que namentres os vermes non manxaron a pouca freba que trouxen, non puden erguerme.

Foi unha noite de luar cando saín da cova por primeira vez. Traballiño custoume desentolle-las pernas e cando me erguín e botei a miña cachola fóra da terra, fiquei pasmado... Aquel ollo de vidro que de nada me servira na vida sírveme agora pra mirar.

Tolo de contento quitei o ollo, dinlle catro bicos e volvino a pór no seu sitio.

Dun pulo brinquei da cova e fun cara ó rueiro dos esqueletes.

Os esqueletes son tan parvos coma as persoas. Abonda decir que non pensan máis que en beilar.

Pra min tódolos esqueletes son o mesmo. Pásame niste mundo de ósos o que me pasaba no outro cos negros, que todos parecíanme iguales. En troques iles, antre si, coñécense moi ben. Debe sere porque iles son cegos i eu vexo.

Farto de ollar aos meus compañeiros beilando coma se fosen osos ao son da "Danza macabra" de Saint Saëns, afasteime do rueiro e reparei nun esquelete que estaba sentado nunha campa e que tiña a calivera ladeada (eispresión de tristura e melanconía niste mundo). Chegueime a il e fitei como na caixa dos cadriles tiña acochado un esquelete pequerrechiño. Axiña decateime que era un esquelete de muller e inquirín garimoso:

—¿Será vostede algunha muller das que mataron en Osera, Nebra ou Sofán?

—Non, señor, non —respondeume—. ¡Eu morrín de tristura!

Dispois reparei que nos ósos dos cadriles non tiña buraco de bala.

—Moi fonda debeu sere a tristura —díxenlle.

—Si, señor. Eu morrín namorada do home que apodrece debaixo desta pedra.

E ollando a pedra puden ler un epitafio en verso castelán, e pendurado da cruz ollei un retrato con marco de varilla dourada. Era un sarxento de bigote arrichado fumando un puro con anilla.

Non quixen saber máis e funme deitar.

Nistes días hai moitos enterros. Non sei si haberá andacio, pois revolución non debe habela coa covardía que teñen os vivos. Cicais haxa folga de médicos, anque non coido que os médicos poidan evita-la mortandade.

A carón de min enterraron un, e pra saír de dúbidas peteille na súa caixa.
—¿Hai andacio na cibdade?

—¡Eu que sei! —respondeume unha voz coma se saí-se por unha boca chea de papas. (Debe ter xa podre a lingua).

—¿ E logo vostede non sabe de que morreu?

—¿Eu? ¡Eu pegueime un tiro!

Déronme ganas de rir, pero non puden. Os esqueletes non rin a cachón. O bandullo é a fonte da gargallada e sen bandullo non pode habere gargallada.

—¿E logo il haberá folga de médicos?

—Non hai folga, non; pois denantes de enterrarme, dous médicos arremangados coma dous cortadores abríronme a cachola cun serrón.

Perto de min repousa un zapateiro. Contoume as súas coitas nun tono menor.

—Eu tiña unha voz de trono, unha voz que metía medo de fonda que era, i en calidá de fenómeno entrei coma baixo no orfeón; mais de alí a pouco de entrare o direutor díxome que desafinaba e tiveron o callo de botarme fóra. Deus regalárame cunha gorxa e non me dera orella... Tan magoado fiquei que perdín a coor e os folgos pra o traballo, desganeime, enflaquecín e púxenme a morrer. Tódalas noites escoitaba os ensaios do orfeón acochadiño nas tebras da rúa, sospirando arreo coa ialma doída. A tristura foi estruchándome a caixa do peito e no derradeiro ensaio do orfeón fuxeu a vida de min nun sospiro velaíño.

O probe zapateiro morreu de saudade.

Por mata-lo tempo fun ó cimeterio civil. Alí non se beila; alí todo é serio. Cando entrei funme cara un fato de esqueletes que estaban escoitando a leria dunha calivera que tiña un buraco nunha sen (calivera de suicida moi século XIX). As súas verbas tíñaos a todos coa boca aberta; pero na médea hora que estiven escoitándoo nin tan siquera puden apañar unha idea. Aquil suicida tiña un só ideal: a República.

Eu no mundo tamén fun un pouco republicano anque nunca pensei que a República fose dabondo pra gobernar Hespaña.

O que máis me fireu daquela xente foi que non quixesen falar galego, sabendo que os esqueletes non poden falar ben o castelán. Non ten volta que darlle: sen gorxa non pode pronunciarse a "j" nin a "g" fortes.

Oíndolles decir que o progreso vai cara á unidade tomei a parola pra aclarar que o progreso iña cara á harmonía e que se o progreso fose cara isa unidade antipática, antiestética, antinatural e criminal, por riba do progreso está a perfeución, e que nós, os galegos, por un desexo de perfeución e por unha dinidade que xa vai sendo dinidade persoal, non debíamos consentir que na fala dos nosos avós se eispresase somentes a incultura que lle debemos ó centralismo.

Naquel intre esquecime que non era home nin suxeto de dereito. ¡Ai! Eu xa morrín e non son nada e aínda serei menos cando a terra me coma de todo. Comprendendo que era no mundo dos esqueletes, volvín a decir:

—¿Como queredes falar castelán se non tendes gorxa?

Aínda non rematara de ceibar a derradeira verba, cando un esquelete varudo e forte, turrando por min, afastoume daquela xuntanza dicíndome:

—Vostede facer mal falar con oitocentistas.

¡Era un inglés que falaba galego!

Son moi amigo do inglés. Xuntos paseamos moitas veces. Onte saímos do cimeterio e fomos pola estrada falando de mil cousas; por certo que un mozo que iña tocando no acordión un pasodoble flamengo, ó vernos, guindou co "escorrentaporcos" (así lle chamaba eu cando vivía) e fuxeu coma un lóstrego. O inglés e mais eu choutábamos pra botar fóra a risa que tíñamos na ialma.

Voltándomos ó cimeterio falamos da terra.

¡Moito falan da terra os vivos! Unha cousa é a terra e outra cousa é a paisaxe. Pra os vivos a terra é unha cousa ben fermosa por certo, pra os mortos a terra son as tebras. Eu penso que non morreríamos se a terra non precisase de nós pra botar herbiñas e floriñas e lucirse a conta dos apodrecidos.

Seique foi María Guerrero quen nun intre de cursilería e pra engaiolar a un fato de galegos papáns, doulle un bico a unha manchada de terra galega. ¡Mellor fora que bicase a codia dun pino ou a tona dun carballo! A terra galega metida nunha ola é coma a terra castelán, poño por caso de comparanza. Os irmáns pinos e os irmáns carballos, que ha traga-la terra, ises si que son galegos.

Acabo de descubrir un gran defeuto no inglés. O descubrimento custoume unha fonda pena. Parece mentira que unha ialma tan ergueita e tan intelixente teña un humor tan pouco noble.

O inglés vén a buscarme cuase que tódolos días á miña cova e, como eu son nugallán pra erguerme, il entretense falando e xogando co esquelete dun rapaciño que repousa cabo de min.

Ollade que clas de xogo entretiña ó inglés.

Dáballe un guindamazo na calivera ó rapaz e tiráballe con ela ó chan, e dispois poñíase a choutar. O probe do esqueletiño cacheaba a tentas a calivera e dispois poñíaa no seu sitio dicíndolle ó inglés:

—¿Que mal lle fixen eu? ¡Estéase quedo!

O inglés prometía estarse quedo e axiña volvía a guindarlle coa calivera ó probe esqueletiño. E así fixo moitas veces.

Eu cando tal reparei arrepúxenme ó inglés, que me respondeu friamente:
—Min divertirme moito. Min sentir non ser no outro mundo pra donar ó rillote unha esterlina.

Os obreiros no mundo queren as patacas baratas, os labregos queren a suba das patacas e hai homes que non viven das patacas. Eiquí as patacas non son problema ningún; mais polo que fomos no mundo respeutive ás patacas, dividímonos en dúas castes.

Hai no camposanto un "pataqueiro" que morreu de fame e que hoxe ten mausoleu de mármores. Foi home de gran me-recimento na vida; mais agora é insoportábel en forza de coidar que non nacerá no mundo quen o aventaxe como poeta.

Outro esquelete de mausoleu de mármore foi un "americano" que, farto de engaiolar ós indios no Chaco con adoas de vidro, morreu en arrecendor de santidade, deixando cartos pra escolas e hospitaes. O seu mausoleu ten no peruco de todo un símbolo da Caridade en figura de ama de cría. Iste filántropo aínda conserva un bisoñé que me fai choutar coa risa.

O filántropo e mailo poeta téñense moita xenreira. O filántropo di que o poeta non fixo máis que "macanas" (supoño que quererá dicir versos). O poeta di que o filántropo foi unha besta. Disas que "sobre o ben e o mal consultan simplementes o código penal".

O poeta non é ben asisado. Anda sempre pidindo unha calivera emprestada pra recita-lo monólogo de Hamlet, e aínda fai outras tolerías.
O filántropo non fai nin di nada que mereza contarse. Sin diñeiro ten mortas tódalas súas autividades.

Agora xa sei por qué o inglés tíñame tan grande estima. ¡Xa o vexo! Pideume emprestado o ollo; mais eu con moi aloumiñantes verbas e con moi boas razóns díxenlle que non llo emprestaba.

Debaixo dunha cruz de pau mal pintada con ferruxe, repousa un esquelete que, según fala, foi tan desventurado no outro mundo como é felís niste.

—Eu era criada de servir —contoume— . Anque non era bonita tiña mocedade. Un día caíume un dente e certo demo de señorito, que andaba faguéndome as beiras, ofreceume cartos pra que fose ó dentista. Mireime no espello e axiña comprendín canto me afeaba aquel portelo na boca, e tanto esgaravellou o señorito na miña tolería moza que deixeime pór o dente... ¡Ai!, aquel dente custoume un fillo; aquel fillo custoume o creto e canto tiña de boa moza. Caín a rolos e atopeime coa morte, sen saber o que era un traxe de seda nin un grolo de champán. Fea vivín, mallada e batida; agora podo durmir.

Ista sinxela leria deixoume amaiado.

Lémbrome que sendo eu rapaz chegou meu pai da América. O probe non trouxo máis que uns borceguíns vellos e un tarro amedeado de bicarbonato; viña enfermo e morreu axiña.

Sempre chorei o fracaso de meu pai que, na miña ademiración de fillo, tíveno polo máis bo, arriscado, intelixente e forte do mundo enteiro. Aquelas terras lonxanas que zugaron a vida do meu pai foron arreo maldecidas por min. Meu pai era dino de voltar san e millonario.

Onte no rueiro falábamos das nosas vidas e chegoume a vez de conta-la miña. Aínda non rematara de contala, cando un esquelete, dises esqueletes que parecen parvos, ergueuse coma un lóstrego e doume tan forte aperta que me rompeu unha costela.

¡Era meu pai!

Con certo esquelete que trouxo na cachola unha biblioteca enteira falo de moitas cousas e de todas sabe moito o meu amigo. De todas sabe moito, menos do que é o humorismo.

Cando chegamos nas nosas conversas a tal punto, o meu amigo fai catro ou cinco funambulismos filosóficos, estudia o humorismo dos grandes humoristas, fuxen as horas e no remate de contas ficamos sen saber migalla do asunto. Ás veces parece que vai chegar á definición e de súpeto engadella máis o fío.

Un esquelete ten de sere humorista e un esquelete galego moito máis aínda. Un galego é sempre socarrón ou humorista e a socarronería é o humorismo dos incultos así como o humorismo é a socarronería dos cultos. Un esquelete galego que trouxo unha biblioteca na cachola debía definir o humorismo e non o define e según di non houbo ninguén que o definise aínda.

Eu, que non trouxen máis de tres ou catro libros na cachola, póñolle eixemplos coma istes:

—Un rapaciño pequerrechiño escacha unha botella de aceite nas pedras da rúa e o probiño chora. Un home gordo dende a porta dunha tenda olla ó rapaz e rise. ¿Cal das dúas figuras lle interesa máis ó humorista?

—Pola porta dunha eirexa saen dous noivos acabados de se casaren. A noiva —¡malpocada!— non pode tapar o que leva de sete meses. Na porta da eirexa hai moita xente. Unha muller gorda abanea o bandullo coa risa. Un home, que ten un libro debaixo do brazo, olla sereo a escea. Unha muller do pobo pon a cara doída. Outra muller, tamén do pobo, enruga o nariz e rosma polo baixo verba coma ista: ¡sinvergonza! ¿Quen dista xente é humorista?

—Un médico cachea o bacilo de Koch no esputo dun seu amigo e de súpeto ergue a testa, respira forte, acariña o microscopio e di sospirando: "¡Atopeino!". ¿Pode sere humorista iste home?

—Vestir un rapaciño de toureiro ou de militar no antroido, ¿pode sere humorismo?

—Direille... direille —contesta sempre o sabio esquelete—. E non me di nada.

Eu ben podía escribir algo da Santa Compaña; mais o pobo galego ficaría sen un misterio nas longas noites do inverno, cando o maxín ferve na cachola coma o caldo no pote. Non; eu calarei coma unha estoa.
O que "anda" cos mortos que perda a coor das meixelas, que enflaqueza e que morra. A Santa Compaña fai falla nas cociñas mornas ó redor da lareira, cando zoa o vento nas tebras da noite.

Hoxe meu pai, cun lagarto apreixado nas maus, faloume diste xeito:

—Teño de ir ó San Andrés de Teixido pra cumplir unha oferta que fixen e non cumplín en vida. A miña ialma ten de encarnar niste lagarto e moito tempo tardarei en voltar. Recoméndoche que teñas conta da miña cova e que de vez en cando botes unha ollada ó meu esquelete, pois teño un veciño coxo e pode roubarme unha perna.

Quixera estar soterrado nun cimeterio aldeán, no adro da eirexa... ¡Con que ledicia escoitaría nas mañáns ledas do domingo as conversas dos feligreses! Niste cimeterio de cibdade as xentes non veñen máis que a falar dos mortos, ¡e cantas parvadas din...! Logo, meus compañeiros, afeitos ás regalías do outro mundo ou fracasados na vida, non fan máis que laiárense polo que perderon ou polo que non conqueriron.

Dende fai tempo veño reparando que un home de carne e óso sae dunha cova, gabea pola parede do cimeterio e foxe cara á cibdade. De alí a dúas ou tres horas volta pra o cimeterio ensumíndose nun decir amén debaixo da terra. A primeira vez que tal reparei non quería dar creto ó meu ollo; mais o caso repiteuse moitas veces arreo.

Unha noite púxenme ó axexo agardando que xurdise da terra e fun detrás dil. Correr corría o condanado; mais eu, escorréndome polas sombras dos muros, non quitei o ollo de enriba dil. Chegou ó burgo máis probe da cibdade e parouse diante dunha chouza entrando dispois nela por unha rendixa da porta. Eu rubin ó tellado e saltei á horta que daba detrás da chouza, e por un buraquiño puden fitar a escea máis arrepiante que poidera maxinarse. Unha lampariña de aceite alumeaba mornamente a cariña fraca i encoveirada dunha rapaza que durmía nun leito misérrimo. O pantasma chegouse a ela i estivo unha chea de tempo cos beizos pousados no pescozo da rapaza.

Cando se ergueu tiña a boca ourelada de roxo, namentras no pescozo da rapaza corría un fío de sangue e na pele da súa cariña fraca arrufiaba a brancura da morte.

Aquel pantasma era un vampiro.

No siguente día o pantasma chuchou o derradeiro sangue que podía dar a probe rapaza. Cando aínda estaba quente a derradeira badalada das doce horas no campanario da eirexa, ouvearon os cans ventando a morte.

O vampiro sigueu chuchando o sangue de máis vítimas, que iñan morrendo coma as lámparas de aceite chuchadas polos morcegos.

Quixen saber quen fora o vampiro no mundo dos homes e fun ler o seu nome de bronce no rico mármore da campa. O nome só abondoume: fora un canalla que roubaba pra dar regalía ó seu bandullo de porco; dono da xusticia, roubaba dende a súa confortábel casa. ¿Pra que decir máis? Era... ¡era un cacique!

Eu quería atopar maneira de darlle morte ó vampiro. Busca por eiquí, cachea por acolá... non puden abranguer nos currunchos do maxín unha boa iñorma pra matalo, e quixen falar co esquelete que trouxo unha biblioteca na cachola pra ver se me daba luces a súa conversa.

—No vampirismo cren moitos pobos e hai moitas probas xudiciaes de aparicións de pantasmas que chuchaban sangue de persoas; mais eu coido que non debe dárselle creto a semellantes contos. Fuxiron os tempos en que o verdugo queimaba os cadavres sospeitosos de vampirismo e hoxe non se permitiría en ningures espetar unha estaca no curazón dun cadavre.

O meu amigo, cheo de cencia oficial, moqueábase das xentes sinxelas que cren nos vampiros. Eu gardei o meu segredo pra non pasar por parvo e seguín preguntando solermiñamente:

—¿E hai sabios no mundo que cren no vampirismo?

—Hainos. A fundadora da Teosofía fala de iso e conta moitos feitos. Se mal non me lembro acolle a eisplicación do fenómeno por causas físicas. Cando un morto aparente estivo moi apegado á materia e foi na vida un malvado, o corpo astral, envolto no doble etéreo, sae da sepultura con obxeto de manter ó corpo físico con sangue que chucha nas persoas vivas, e desta maneira perpetúase o estado cataléptico do soterrado. O corpo astral comunica o sangue dun xeito aínda descoñecido; mais agardan que calquera día sexa eisplicado polas cencias psicolóxicas.

—¿E vostede nin tan siquera ten dúbidas?

—Eu, que son home ben asisado, non creo; anque, de certo, fanme cavilar certas cousas, como son as mortes aparentes e o feito de habérense atopado cadavres que aínda tiñan as carnes moles, os ollos abertos, o coiro sonrosado, a boca e o nariz cheos de sangue fresco, que tamén xurdía das feridas que, por asesinato ou por axusticiamento, lles produxeran a morre. Tal contan vellos documentos.

—¿E de que maneira podería dárselle morte ó vampiro?

—Pois... para arredar o corpo astral do físico non hai outro remedio que queima-lo cadavre.

Non quixen saber máis. Afasteime da miña biblioteca e fun pensando pra os meus adentros: "Vampiros hainos; pois logo, polo si ou polo non, debían queimarse a tódolos caciques. Os caciques son capaces de facérense os mortos pra seguir vivindo a conta dos malpocados".

FIN
Leutor:

Xa que liches as memorias do esquelete soterrado nun cimeterio de cibdade e xa que te regalaches deprendendo cousas do Alén que non sabías, ben podes escoitarme un anaquiño a min e pra rematar axiña.

Unha cousa que fixen con premeditación e nouturnidade podería levarme á cadea habendo testigos; mais eu asegúroche que non foi por mal. Atende.

Co ollo de vidro mercado ó enterrador de cibdade pillei o camiño da parroquia de Tal e alí, no adro da eirexa e axudado por un home valente, pasada medeanoite, abrín a sepultura onde repousa pra sempre xamais un amigo meu. ¡Medo papeino!

O meu amigo foi rapaz de grande intelixencia e dun esprito superior a toda louvanza. Estudeamos xuntos na vella Compostela e a gripe escamoteouno da miña vista. Como derradeira proba de fonda amistade quixen faguerlle regalo do ollo de vidro. ¡Dispois de todo eu non o quería pra nada…!

Abrimos a tapa da caixa ben a modiño pra non escangalla-lo esquelete. Ouh, leutor: meu amigo conservaba o seu traxe e os seus zapatos novos, proba de que o enterrador de aldea é mellor cristiano que o seu colega da cibdade.

Na cunca direita da súa calivera pousei o ollo de vidro, riba das súas maus pousei un bloque de papel mais un lápiz. E arrechegándome ó buraco do ouvido, díxenlle así:

—Querido Pedro: Velaí che deixo un ollo de vidro pra que vexas, papel e lápiz pra que escribas. Serás o rei niste cimeterio; mais eu prégoche que non te fagas cacique. Pasados algúns meses virei recoller canto ti escribas. Perdóname, amantiño, que non che dea un bico. Adeus e deica logo.

Se canto escriba o meu amigo é dino de intrés asegúroche que será publicado pra que compares e vexas que non é o mesmo ser soterrado no adro dunha eirexa que nun cimeterio de cibdade.

Regálate como poidas, leutor, e non che digo máis.

Alfonso R. Castelao

De http://www.museocastelao.org/produccion.html


Biografía: http://fauvelapetitesauvage.blogspot.com/2007/02/o-neno-das-pinhas-castelao.html

lunes, 5 de febrero de 2007

Hercules Protects Painting from Ignorance and Envy (1763), Andries Cornelis Lens



Pintor flamenco nacido en Amberes en 1739 y fallecido en Bruselas en 1822. Artista de reputación internacional representante del ideal neoclásico. Visitó Roma, donde fue muy influenciado por las ideas de Mengs y Winckelmann de donde volvió a su hogar para convertirse en el líder de una escuela. Sus pinturas son resultado de su estudio de los maestros de la antigüedad italianos, pero también de la lectura de escritos clásicos y bíblicos(Ariadne on Naxos, Brussels Museum). En 1763, Lens fue nombrado director de la Academia de Amberes.
Este precioso cuadro, de medidas 73 x 92 cm, se encuentra en el Koninklijk Museum voor Schone Kunsten, de Amberes.

sábado, 3 de febrero de 2007

Allegiance with Wakefulness (1994) Shirin Neshat; fotografía: Cynthia Preston



Shirin Neshat

En 1993 presenta, en la que fue su primera exposición individual, su serie de retratos titulada Unveiling, en la que mujeres islámicas, incluida ella, posan con el chador característico de las sociedades musulmanas. En estas fotografías en blanco y negro sólo quedan al descubierto los ojos, las manos y los pies de las protagonistas, que Neshat cubre con textos en caligrafía persa que reproducen poemas sobre el amor y el deseo de escritoras iraníes y citas religiosas que tratan sobre la posición de las mujeres en la fe islámica.
Ese mismo año comienza a introducir armas en sus representaciones de mujeres veladas. Titula este nuevo proyecto Women of Allah. Con estas imágenes subvierte el estereotipo masculino de mártir islámico y evidencia la violencia ejercida sobre las mujeres en estas comunidades, al mismo tiempo que se pregunta por las inevitables relaciones entre política y religión, terrorismo y fundamentalismo, ira y devoción.

El uso del blanco y negro en sus fotografías es intencionado y no responde sólo a sus cualidades estéticas, sino que está relacionado con la percepción que ella ha tenido de las transformaciones que ha sufrido su país; Irán ha abandonado el color de la cultura persa, que permitía la heterogeneidad, para adoptar estos dos colores básicos, que obligan a la homogeneidad.



(Gracias, Arlan).

Fontana, Pietro Tacca, 1.629




Piazza Santissima Annunziata, Florencia.

Otra vista de la misma plaza:



TACCA, Pietro
(b. 1577, Carrara, d. 1640, Firenze)
Biography

Florentine sculptor in bronze, the chief pupil and follower of Giambologna. After the latter's death Tacca completed a number of his works and succeeded him as sculptor to the Medici Grand Dukes of Tuscany. Tacca's works for them include his masterpieces, the four Slaves (1615-24) at the foot of Bandinelli's statue of Ferdinand I de' Medici at Livorno.

Obra de Antonia Eiriz




Antonia Eiriz naceu na Habana en 1929. Iniciou os seus estudos de arte na academia de San Alejandro en 1951 e graduouse de profesora de debuxo e pintura en 1957. A partir de 1959 comeza a participar profesionalmente en diversas exposicións dentro e fóra de Cuba; de maneira tal que vai tomando o seu propio lugar dentro da pintura cubana. Antonia Eiriz é descendente dun galego: o seu pai era oriúndo de Chantada, na Galiza.
Antonia Eiriz crea un universo intenso que reflicte as paixóns ocultas do ser humano, os seus pesadelos, os seus espantos máis temidos. Valéndose de figuras e realidades retortas, deformadas, agónicas, enrístranos todo un mundo abraiante polo grotesco e brutal, pola súa traxedia e podremia. Amosa un inexorábel parentesco con Goya: os duros trazos, a brusca xestualidade, a realidade enmascarada do macabro e do bestial, as cores violentas e feroces (escuras, sobre todo o negro, ás veces sobre un fondo branco, outras veces resaltado polo amarelo ou o azul), os efectos tenebrosos da moca; en fin, toda unha visión vigorosa e arrepiante do mundo. Entre os expoñentes máis significativos desta poética poderían citarse: "Anunciación"(onde unha muller sentada nunha cadeira, fronte á súa máquina de coser, recibe aterrada a visita anunciadora dunha caveira), "Requiem por Salomón"(1963), "Mis compañeras", "Las pirañas", "El vaso de agua", "A capella", "Ante la mesa", "El muñecón", "En la espera", "Ni muertos"(tríptico), "Procesión"(1963), "Los visitantes".

O neno das pinhas, Castelao



Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao, nació en la localidad coruñesa de Rianxo en 1886, y murió en el exilio, en Buenos Aires, en 1950. Importante político, escritor, pintor, y dibujante gallego. Uno de los padres del nacionalismo gallego. Estudió medicina, pero confesaba: "Fixenme médico por amor a meu pai; non exerzo a profesión por amor á humanidade" ("Me hice médico por amor a mi padre; no ejerzo la profesión por amor a la humanidad").


Biografía

Hijo de Manuel Rodríguez Dios, pescador, y de Joaquina Castelao Genme. Manuel emigró a Argentina a los tres meses del nacimiento de Daniel, y en el transcurso del 1895 Joaquina emigró también, llevando al pequeño Alfonso, para ir a vivir con su marido en Bernasconi, en la Pampa. Allí residió hasta 1900 y según cuenta el propio Castelao descubrió el valor de la caricatura leyendo Caras y Caretas.

Estudió medicina en la Universidad de Santiago de Compostela. Durante sus años en la universidad brota su interés por el dibujo y la pintura y en especial por la caritacura. En 1908 expuso sus dibujos en Madrid y comienza a colaborar con la revista Vida Gallega. Entre 1909 y 1910 hace un curso de doctorado en Madrid y participa en la III Exposición Nacional de Humoristas y colabora como ilustrador con El Cuento Semanal. En 1910 se especializa en Santiago en obstreticia y al terminar se instala en su Rianxo natal. Durante este período colaboró en la fundación del semanario El Barbero Municipal (1910-1914), en el que escribió atacando el régimen caciquil gallego, ingresando en la vida política local dentro del Partido Conservador local en una línea maurista.

Da su primera conferencia en marzo de 1911, en Vigo, hablando sobre la caricatura y a lo largo de los años siguientes realiza exposiciones de sus caricaturas en diversas ciudades gallegas. En 1912 se adhirió al movimiento Acción Gallega y el 19 de octubre del mismo año se casó Virxinia Pereira. Durante esta época colaboró en múltiples publicaciones periódicas, como El Liberal, El Gran Bufón, La Ilustración Gallega y Asturiana, Mi Tierra, Suevia, La Voz de Galicia de Buenos Aires, lo que ayudó a popularizar sus caricaturas.

Un desprendimiento de retina lo deja ciego en 1914, pero una operación le devuelve la vista. En 1915 participó en la Exposición de Bellas Artes de Madrid, en la que obtiene grandes elogios de la crítica. En 1916 obtiene por oposición una plaza en la delegación de Pontevedra del Instituto Geográfico Estadístico y en ese año fue uno de los fundadores de la agrupación local de las Irmandades da Fala. En 1918 comenzó a colaborar con el periódico madrileño El Sol.

Con Vicente Risco, Otero Pedrayo y otros fundó la revista Nós ("Nosotros"), alrededor de la cual brotó la vida política y cultural de Galicia entre 1920 y 1936. En enero de 1921, gracias a una beca de la Junta de Ampliación de Estudios, viajó a Francia, Bélgica y Alemania para estudiar el arte de estos países. Fruto de ese viaje fue el diario que escribió y que publicó parcialmente en la revista Nós y que apareció como libro en 1977 con el título de «Diario 1921». En 1926 fue nombrado académico de número de la Real Academia Gallega.

El 3 de enero de 1928 muere su hijo Alfonso, a los 14 años, y en ese año marchó a Bretaña con su mujer en viaje de estudios para estudiar los cruceros bretones que materializó en el libro «As Cruces de Pedra na Bretaña» ("Las Cruces de Piedra en la Bretaña") en mayo de 1930. También quedó hondamente afectado por la muerte de Antón Losada Diéguez el 15 de octubre de 1929. En 1931 resultó elegido diputado como galleguista independiente para las Cortes Constituyentes de la Segunda República y participó en la constitución del Partido Galeguista.

Miembro de la Real Academia Gallega desde 1933, fue confinado en Badajoz en noviembre de 1934. Durante su estancia en Extremadura escribió para A Nosa Terra una serie de artículos con el título de «Verbas de chumbo» ("Palabras de plomo") que posteriormente integraría en «Sempre en Galiza». El 6 de septiembre de 1935 se puso fin al destierro tras las gestiones del nuevo ministro de la Gobernación, Manuel Portela Valladares. En 1936 fue escogido de nuevo diputado en la candidatura del Frente Popular. Tomó parte de manera destacada en la campaña por el sí al Estatuto de Autonomía de Galicia, que fue aprobado en plebiscito en junio de 1936.

La sublevación militar que dio origen a la Guerra Civil le sorprendió en Madrid, instalándose en Valencia a finales de 1936 y posteriormente en Barcelona. En 1938 se exilió en Nueva York y participó en la campaña de las elecciones al Centro Gallego de La Habana y, finalmente, en julio de 1940 marchó a Buenos Aires. Fue el máximo impulsor del Consejo de Galicia, creado en 1944 en Montevideo y que pretendía agrupar a los diputados gallegos en el exilio, constituyéndose en representante de Galicia entre las instituciones republicanas en el exilio. Fue presidente del Consejo hasta su muerte.

Fue ministro sin cartera del gobierno republicano en el exilio presidido por José Giral (1946-1947), estableciéndose en París, ciudad dónde vivió hasta agosto de 1947.

Murió el 7 de enero de 1950 en el sanatorio del Centro Gallego de Buenos Aires, siendo enterrado el 9 de enero en el Cementerio de la Chacarita.


Creador
Polifacético novelista, dibujante, caricaturista, pintor, teórico del arte y político, su obra siempre reflejó su compromiso con el galleguismo y con el mundo. Durante el exilio franquista, en 1944 publicó «Sempre en Galiza», desde entonces el gran texto del nacionalismo gallego. Sus restos mortales fueron repatriados y llevados al Panteón de Gallegos Ilustres en 1984 en medio de manifestaciones nacionalistas que reprochaban a las autoridades que "los que el exiliaron ahora le rinden honores".

Sus dibujos, complementados con agudos textos, muestran a Galicia rural, el caciquismo, los pobres, los ciegos, los desamparados, el pueblo que sufre, desde una visión realista, crítica pero humorística. En el álbum «Nós» (1931) recogió dibujos hechos entre 1916 y 1918. En los últimos álbumes habitan los horrores de la Guerra Civil.

Se inició en la narrativa con la colección de relatos cortos «Un ollo de vidro» ("Un ojo de vidrio") en 1922. En «Cousas» ("Cosas"), «Retrincos» ("Pedazos") y «Os dous de sempre» ("Los dos de siempre"), establece un conjunto único en la narrativa gallega que culmina con la colección de ensayos «Sempre en Galiza», conectando literatura, política y teoría del galleguismo. Su visión literaria tiende a desmitificar los tópicos costumbristas con un humorismo sarcástico y, de vez en cuando, esperpéntico. Castelao es sin duda el gallego más destacado del siglo XX. Se le dedicó el segundo Día de las Letras Gallegas, en 1964.


Obra
Cego da romería (1913)
Un ollo de vidro. Memorias dun esquelete (1922)
As cruces de pedra na Galiza
Cousas (1926, 1929)
Cincoenta homes por dez reás (1930)
Os dous de sempre (1934)
Retrincos (1934)
Galicia Mártir (1937)
Atila en Galicia (1937)
Milicianos (1938)
Sempre en Galiza (1944)
Os vellos non deben de namorarse (obra teatral representada en 1941, publicada en 1953)
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