Al rozarla con mi lengua abre los ojos, me mira y sonríe dulcemente, y me acaricia, cuánto me gusta.
Se levanta y la acompaño al cuarto de baño, después a la cocina, siempre metódicamente, siempre en el mismo orden; la miro mientras desayuna despacio y, rozándome contra sus piernas, ronroneo, soy un gato feliz.
(Cuentito escrito por fauve en el concurso del Café, ¡quedé de séptima!)

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