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domingo, 16 de noviembre de 2008

Enrique Vila-Matas hace un año, un mes y unos días

Literatura / Entrevista

Enrique Vila-Matas: "Sería estúpido dirigirme sólo a los escritores"

05 de octubre de 2007, 08:20

Enrique Vila-Matas nació en Barcelona en 1948. Su último libro, Exploradores del abismo (Anagrama), lo encuentra en un momento particular: lo escribió luego de una enfermedad que lo amenazó de muerte. Sin embargo, la mezcla de géneros que estaba practicando desde hacía ya unos años persiste, acaso más relajada, menos tensionada y angustiada que en su anterior libro, Doctor Pasavento.
Hace unos años Vila-Matas estuvo en Buenos Aires, invitado a una Feria del Libro. Esa mañana, la ciudad era un infierno de humedad, y el escritor, de mañana, muy temprano, esperaba en el hotel, impaciente, muy nervioso y transpirado. Habló en aquella orportunidad de la inutilidad de los encuentros entre intelectuales y hasta de las reuniones sociales. Se lo veía mal. Estaba incubando una enfermedad renal que terminó en un colapso. Pero fue internado a tiempo. Unas horas más hubieran bastado para matarlo. Sucedió en el verano boreal del 2006. El escritor se asomaba al abismo, y ni uno de sus personajes (o él mismo) podría salir ileso de esa cercanía con la Parca. El impacto resultó tan violento que la placidez de estos nuevos relatos parece un contrapunto perfecto.

Vila-Matas publicó a lo largo de su carrera como escritor El viajero más lento, Impostura, Historia abreviada de la literatura portátil, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Una casa para siempre, Recuerdos inventados, Lejos de Veracruz, Extraña forma de vida, El viaje vertical (premio Rómulo Gallegos 2001), Bartleby y compañía (Premio Ciudad de Barcelona, Prix du Meilleur Livre Etranger, Prix Fernando Aguirre-Libralire), El mal de Montano (Premio Herralde, Premio Nacional de la Crítica), París no se acaba nunca y Doctor Pasavento (Premio de la Real Academia Española 2006). A continuación se reproduce parte del diálogo con Terra Magazine que sostuvo desde su casa en Barcelona.

Entrevista

Terra Magazine: Los exploradores del abismo tienen alguna relación (próxima) con el doctor Pasavento, pero son más precisos para autosituarse, y a su vez, las situaciones que atraviesan extrañamente no los empujan a la desesperación, sino a una suerte de misantropía mundana (si se me disculpa el oxímoron) que hace pensar no en una enfermedad usual, sino más precisamente en algo que no tiene cura. ¿Esto es así? ¿Qué cosa de la vida es la que no tiene cura y por qué tan poca angustia ante el fin?
Vila-Matas: Misantropía mundana. Nunca lo había oído. Podría ser un buen título para un libro. Por otra parte, no había pensando en las diferencias entre los exploradores y el doctor Pasavento, más próximo éste que aquellos a la desesperación, claro. Tal vez yo estaba más exasperado antes de la enfermedad (es decir, cuando escribí mi novela sobre el doctor) que después de mi paso por el hospital, cuando en un estado de apacible serenidad comencé a ocuparme de mis exploradores. Recuperar la salud -sospecho que incluida la mental- ha supuesto para mí una especie de renacimiento. Ya no soy sólo un tipo que acumula años, sino también un hombre que está en los primeros meses de su renacimiento. Soy aún un explorador de mi propio abismo. Pero el renacer da cierta moral anímica (todos mis exploradores son optimistas) y aparta la angustia para sustituirla por una contemplación más serena del futuro. Misántropo, me asomo por primera vez al mundo.

Terra Magazine: Usted pareciera que pasa de la novela al relato, del relato al ensayo, pero en rigor de verdad creo que está fundando una especie de género que combina también elementos autobiográficos. ¿Esto es así, o es un efecto de la morosidad que provoca la lectura y de los momentos de identificación de lector con escritor?
Vila-Matas: No sé si he fundado algún género, pero sí un estilo del que no me escapo ni en la vida real, es decir, cuando no escribo. Y es que incluso en mi vida privada las cosas que me suceden son "vila-matasianas", qué le vamos a hacer... A lo mejor, mi vida es un género literario. Continuamente, en el mundo real me encuentro con personajes para mis cuentos. Hace dos semanas, sin ir más lejos, me encontraba yo en el festival literario de Mantua cuando un señor muy educado, al final de un acto público, me preguntó si podía retenerme unos momentos para cuatro preguntas exactamente. Empezó queriendo saber si me identificaba plenamente con el titulo de mi libro El viajero más lento. Dudé al contestar. El señor aquel tenía un gesto tan grave que no parecía proclive a las vacilaciones. Opté por decirle que sí, y me pareció que después de todo era la respuesta más coherente. Entonces sonrió y, con palabras pausadas, me dijo que era el presidente de la Asociación Internacional del Tiempo Lento. ¿Qué se contesta a alguien que dice algo así? Sólo pensé que parecía un personaje salido de mis relatos. Es increíble como la Naturaleza puede imitar a la ficción. La segunda pregunta buscaba conocer mi opinión sobre el tiempo. "Si no me lo preguntan, lo sé, pero si me lo preguntan, lo ignoro", dije imitando a San Agustín, y temiendo la reacción airada del señor del Tiempo Lento. Pero el hombre ni se inmutó, siguió anotándolo todo en un cuaderno. La tercera pregunta pretendía averiguar si el tiempo era la imagen móvil de la eternidad. Comencé a preocuparme porque tuve la impresión de que aquel hombre tenía todo el tiempo del mundo y que iba a ser difícil -después de haberme declarado a favor del Tiempo Lento- explicarle que tenía una cierta prisa porque me esperaban en la plaza Sordello. Hubo una cuarta, quinta, sexta pregunta... Y más anotaciones parsimoniosas en su cuaderno. Sentí que había quedado atrapado en una trampa claustrofóbica. Y pensé en decirle al señor del Tiempo Lento: "Soy un ser anónimo, ¿me permite volver a la libertad?". Iba a decírselo cuando el hombre, esbozando una sonrisa, cerró su cuaderno y me comunicó que habíamos llegado al final de nuestro tiempo. "Siga su camino", añadió magnánimo. Salí de allí perturbado, pero libre, hacia la plaza Sordello.

Terra Magzine: Sus libros, en algún momento y vaya a saber por qué razón, empezaron a leerse más; hubo reediciones, consagraciones y todo eso. Sin embargo, leyendo a fondo, uno no puede dejar de pensar que Vila-Matas es un escritor para escritores, por mucha venta que tenga. ¿Cuál es su opinión?
Vila-Matas: Pues que trato de no serlo. Sería muy estúpido dirigirme básicamente a los escritores. Seguramente, "escritor para escritores" es una etiqueta que han atado a mi cola, como una lata a un gato. Supongo que es lo que los críticos cansados dicen cuando no tienen tiempo para digerir un libro antes de reseñarlo. Tengo buenos amigos escritores, pero no lo son porque escriben sino porque son inteligentes y, además, muy buenos amigos. Pero en lo que a los escritores como especie se refiere, diré que últimamente huyo de ellos, sobre todo si son españoles, donde abunda la incultura y la mediocridad. Estoy con John Banville cuando dice que le horrorizan los escritores porque en todas partes son obsesivos, resentidos, celosos hasta la enfermedad y siempre pobres.

Terra Magazine: La soledad, el aislamiento, la misantropía, de una manera o de otra, siempre han estado presentes en su obra, pero en los últimos libros se ha hecho más evidente el carácter nutritivo de esa experiencia, contra lo que indica el sentido común. ¿Un escritor necesita aislamiento? ¿Cuánto? ¿Hay un mito de la experiencia o se puede escribir sin pisar jamás la calle? ¿Estas cosas pueden medirse?
Vila-Matas: Ultimamente me he especializado en contar en la prensa los viajes que hago, pero contándolos antes de hacerlos. Miro en Internet y si, por ejemplo, veo que en el hotel al que iré hay una piscina con dos palmeras, sitúo una escena en ese espacio de la piscina. Luego, cuando llego al hotel, trato de que me ocurra allí lo que ya he escrito y he dejado listo para que se publique en mi Dietario Voluble de los domingos en El País, sección Cataluña. Todo esto que le digo no pretende ser provocativo ni original. Es sólo que no dispongo de un ordenador portátil y, cuando voy a salir de viaje, tengo que dejar listos los artículos para que aparezcan publicados el domingo.

Terra Magazine: La enfermedad, como experiencia subjetiva, de capitulación lenta, ¿apremia al escritor, debe apremiarlo, debe remitir siempre a la muerte o más bien a ese estado de falta estructural del que hablamos al principio?
Vila-Matas: Es posible que apremiara, por ejemplo, a Roberto Bolaño (escritor chileno fallecido en 2003), y tal vez gracias a eso tenemos ahora 2666, una obra maestra. No es mi caso. Y si lo es, hago como si no lo fuera. Pero no creo que sea mi caso, porque estoy demasiado distraído -quiero decir, entretenido, reflexivo- estudiando en profundidad el abismo y ensanchándolo lo máximo posible para que vaya haciéndose cada vez más difícil y largo el trayecto por el puente colgante que, suspendido en el vacío, lleva a la muerte.



Ante la tumba de Melville, sobre la que la gente deja bolígrafos, bien escoltado ;-),

7 comentarios:

Luis Antonio PÉREZ CERRA dijo...

Me agrada que te guste Vila-Matas porque es algo, entre otras cosas, que tenemos en común. Bienvenida a la "peña" Fauve. Petonets

Fauve, la petite sauvage dijo...

¡Qué alegría me das, Luis Antonio! De verdad, es que me gusta tanto que encontrar alguien a quien le pase lo mismo, a pesar de su éxito y la supuesta infinidad de admiradores que tiene, que no veo yo tan clara, y que además suele ir unido a una escasa calidad de la que él carece en absoluto, resulta muy agradable; pero que encima sea alguien a quien tienes tanta admiración y cariño como te tengo yo a ti ya es... la repanocha.
¿Tú crees que le gusta el número once, como a mí? Siempre lo veo en todas partes de su obra; sin embargo nadie ha hablado sobre Vila-Matas y el número 11...

Luis Antonio PÉREZ CERRA dijo...

Estoy seguro de que si no le gusta el 11, en cuanto se entere de que a ti te hace feliz, él se apuntará también. Yo siempre he apostado por el 7, pero como no se porte mejor, igual me paso al tuyo. Besitos

Fauve, la petite sauvage dijo...

¡Pero Luis! ¡No se puede ser más encantador! Tengo una sonrisa de oreja a oreja que me va a resultar difícil que desaparezca, aunque no tengo ninguna intención de que lo haga.
El once no lo elegí, me eligió a mí, todo me pasa en once, todo es once, siempre hay onces en mi vida; por suerte, solamente el número y no las siglas ;-)
Mi mejor amiga, a la que llegué a querer mucho antes de saberlo, también es perseguida por el 11 y nació el 11 del 11...
Hay en la web del escritor (está en la entrada posterior a esta, o sea, la que está encima) una serie de artículos en los que uno de ellos acaba en 11 de septiembre. Mucho, mucho se lo veo, pero también cuando fumaba no me daba cuenta de que los personajes de Cortázar siempre estaban fumando, algo que sí apreciaba mi amiga que no era fumadora.
Besos: once, claro.

Eva dijo...

He sacado de la biblio Dietario Voluble, lo pongo en lista de espera porque tengo que acabar tres para devolver la próxima semana. Lo he estado ojeando y bueno...la primera impresión es que no me ha llamado mucho la atención. Ya te contaré.

Fauve, la petite sauvage dijo...

No lo he leído aún pero parece que es una novela collage a partir de los escritos en algunos periódicos y publicaciones sueltas que ha unido y enlazado de modo que formen un conjunto, uno.
Espero que te guste, pero yo comprendo que es... rarito XD.
Ya me contarás qué tal.

La llave de Sefarad dijo...

Yo también me considero un "enfermo" de literatura a igual que Vila-Matas, al cual he leido y sigo su trayectoria.Doctor Pasavento es uno de sus mejores libros, sin duda.

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